Erich von Däniken
Es un escritor suizo en lengua alemana, nacido el 14 de abril de 1935, conocido por haber difundido la teoría de que la Tierra ha sido visitada por extraterrestres en el pasado, lo que inspiró al movimiento New Age.
Creó un parque temático sobre los misterios del mundo, que acabó cerrando por falta de visitantes. Popularizó sus teorías a través de sus múltiples libros, vídeos y programas para televisión.
La labor de Erich von Däniken es criticada tanto por científicos como desde diferentes posiciones religiosas. Básicamente Von Däniken da explicaciones inusuales a determinadas características de piezas arqueológicas cuyo origen no está según él suficientemente documentado por la arqueología científica. Dichas explicaciones se basan en premisas no demostradas por la ciencia, como es la existencia de vida extraterrestre inteligente que pudiera en algún momento del pasado haber viajado por el espacio hasta nuestro planeta. Por esta razón no se le considera un científico, aunque sus seguidores opinan a que sus explicaciones a menudo son más lógicas y creíbles que las que ofrece la ciencia a la que llaman «seria».
Un ejemplo típico serían unas figuras sudamericanas de 3.000 años de antigüedad grabadas en oro que representan lo que para los científicos sería arte plástico inspirado en formas de insectos. Para Von Däniken estos «insectos» poseen lo que él ve como sillas de pilotos, con lo cual le parece más lógico deducir que se trata no de insectos sino de aviones similares a los modernos, que los antiguos artistas debieron de conocer a través de su interacción con una cultura tecnológicamente mucho más avanzada de origen presumiblemente alienígena.
Algunas obras de Erich von Däniken:
El oro de los dioses.
Recuerdos del futuro.
Ampliación:
Los seres estelares, los carros con alas y las criaturas mitad hombre, mitad animal son tema de las leyendas y de la imaginería de todos los tiempos. Algunos consideran como un hecho histórico la visita de extraterrestres a nuestro planeta, ¿en qué se basan para est afirmación?
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Según la Biblia, y tal como se enseña en el catecismo y en las escuelas dominicales de todo el mundo, somos descendientes de la primera pareja humana, Adán y Eva. Aunque en la actualidad son muy pocos los que creerían en esta historia al pie de la letra, es así como nos imaginamos el mito bíblico. Pero éste cuenta con una curiosa modificación textual, que normalmente no se comenta. El Génesis establece, de manera totalmente explícita, que fue agregada una segunda raza a la fusión de los genes humanos, un linaje que no era de este mundo, sino de " origen celestial". Inmediatamente antes de la descripción del Diluvio, en el capítulo 6 del Génesis, puede leerse:
"Y habiendo comenzado los hombres a multiplicarse sobre la Tierra, y engendrado hijas. Viendo los hijos de Dios las hijas de los hombres que eran hermosas, tomaron mujeres las que escogieron entre todas... Y había gigantes sobre la Tierra en aquellos días: porque después que los hijos de Dios entraron a las hijas de los hombres, y ellas tuvieron (los Nephilim, los "caídos"), éstos son los poderosos desde la antigüedad varones de fama"
Estos versos bíblicos difieren de modo sorprendente del resto de la narrativa en torno a la creación, y han planteado más de un problema a traductores y teólogos. Pero, ¿por qué estos "hijos de Dios" se entrometen en los asuntos terrestres, cuando se dice que Dios creó a Adán a su imagen y semejanza, como representante suyo en la tierra?
El episodio de los "hijos de Dios" tiene la apariencia de un resto fósil de paganismo, que se había pasado por alto en las cuidadosas ediciones de generaciones enteras de devotos escribas judíos. Si se tratara de un ejemplo aislado, podría tranquilamente presentarse como un problema de exégesis bíblica. Pero no sólo en este oscuro versículo de la Biblia puede hallarse constancia de la misma extraña creencia en un período pasado, en el que seres provenientes del "cielo" habrían descendido a escoger sus esposas de entre los humanos. También está presente, por ejemplo, en los mitos griegos que relatan las aventuras amorosas de sus dioses; en la época clásica, cualquier noble griego que se preciara trataba de hacer remontar su ascendencia hasta uno u otro de los dioses del Olimpo.
Este tipo de aventuras amorosas entre mortales y seres de otros mundos aparecen con frecuencia en el folklore de los indios norteamericanos. Los indios thompson de la Columbia Británica cuentan cómo una vez una mujer casada fue capturada por "gente del cielo". Furiosas, todas las criaturas de la tierra emprendieron una guerra en vano contra los poderosos "hombres del cielo". Para llegar al cielo, la "gente de la tierra" construyó un endeble armazón que se desmoronó en cuanto "los del cielo" comenzaron a tomar represalias. Muchos murieron en la empresa, y se extinguieron enormes cantidades de especies animales. La versión de los indios quinalt de Washington refiere que los agresores llegaron del "país del cielo, donde están las estrellas".
No siempre tales uniones concluían en tragedia. Los maoríes atribuyen indirectamente el origen de su civilización a un asunto amoroso ilícito entre la hija de un jefe y un príncipe del "país del cielo". El intruso fue atrapado por el jefe maorí, pero luego aceptado como yerno. Una delegación maorí obtuvo permiso para visitar el "país del cielo", donde fueron instruidos en valiosas artes por los seres superiores que allí habitaban. Relatos similares acerca de los tiempos en que se establecían relaciones íntimas entre seres del cielo y seres humanos figuran también en culturas muy distantes entre sí. Los indios machiguenga de la jungla peruana narran que "gente de los cielos bajó a la tierra por un camino resplandeciente en el firmamento". Un mito japonés afirma que el acceso a la Tierra lo proporcionaba entonces una especie de puente, que permitía a los dioses hacer frecuentes visitas.

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Germán de Argumosa es un filósofo nacido en Cantabria (España) conocido por sus investigaciones en parapsicología



