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Categoría: Egiptología

Moises y Sargón de Acad.

yurei 23/12/2007 @ 16:27

La tradición judía nos dice de Moisés que fue encontrado en las aguas del Nilo por una hija del Faraón; que creció en la corte egipcia, destacando por su talento y valor; que finalmente reconoció su origen judío y que se enfrentó al propio Faraón, enviando las famosas nueve plagas y huyendo de Egipto con todo su pueblo; que atravesó las aguas del Mar Rojo, sepultando al ejército faraónico bajo ellas; que bajo su guía, los judíos vagaron por el desierto portando la misteriosa Arca de la Alianza hasta encontrar la Tierra Prometida de Canáan; que subió al Sinaí donde Yahvéh le reveló las Tablas de la Ley... y que, finalmente, condujo a los judíos hasta su nuevo hogar, aunque a él se le vetó la entrada, muriendo solo en el desierto.

Para muchos exégetas del Génesis, Moisés, por contra, ni siquiera existió realmente, sino que fue un personaje mítico inventado para corroborar el origen divino del pueblo judío.

Otro asunto oscuro lo representa el propio Éxodo del pueblo judío, encabezado por Moisés, pues según el parecer mayoritario de los especialistas en temas bíblicos, tuvo lugar durante el reinado del faraón Merneptah, cuarto rey de la XIX Dinastía, hijo de Ramsés II el Grande. Pero, tal como se pregunta Vicente Vaquero en su artículo ¿Existió Moisés realmente?, verdades y mentiras del Libro del Éxodo, ¿hubo alguna vez un Éxodo? Porque lo cierto es que en todo lo descubierto hasta ahora por los egiptólogos no hay nada que demuestre que tal hecho tuviese lugar.

Vaquero hace mención, eso si, a la famosa Estela de Israel, descubierta en 1896 en el templo funerario de Merneptah, en Tebas. La estela de granito, cuyas inscripciones tenían como objetivo principal ensalzar la figura del faraón y su victoria sobre los libios en la batalla de Pi-ire, contiene en sus últimas frases unas interesantes referencias a la situación existente en aquel tiempo en Asia, en las que de pasada, se menciona a Israel: "Los reyes enemigos están vencidos, gritan Salam (paz). Ni uno de los Nueve Pueblos del Arco (los beduinos) levanta la cabeza. Arrasado está el país de los Tehenú (los libios). Los hititas están pacificados. Canaán está saqueado. Conquistadas están Gezer y Ascalón. Yenoán ya no existe. Israel está derribado y yermo, no tiene semilla. Palestina es una viuda. Todas las tierras están unidas y pacíficas. Los que eran turbulentos están sujetos por el rey Merneptah, ¡que viva muchos años!".

"El hecho de que los especialistas en el Antiguo Testamento pensaran que el Éxodo tuvo lugar bajo la égida de Merneptah ha originado que esta inscripción se haya hecho famosa y tome una importancia que de otro modo no hubiera tenido nunca, por lo que ha pasado a la historia como "la estela de Israel".

No obstante -apunta Vaquero-, parece olvidarse que, según la Biblia, el faraón que reinaba murió ahogado al intentar atravesar el Mar Rojo en persecución de Moisés y su pueblo, y que Merneptah -cuya momia fue hallada y sometida a diversos reconocimientos- murió como consecuencia de una calcificación de las arterias.

Por otro lado, Luis A. Lázaro, en su artículo Moisés, el mago de Dios, expone otras hipótesis de trabajo existentes sobre la figura de Moisés, como la que nos dice que pudo no ser judío sino egipcio, probablemente un príncipe o sacerdote; siendo él el fundador de la religión hebraica bajo la influencia del culto solar del dios único egipcio Atón.

Algunas cuestiones significativas al respecto: De todas las tribus que acompañaban a Moisés destaca la de Leví, que probablemente serían parientes y el séquito de procedencia egipcia que le acompañó en su aventura, a juzgar por la cantidad de raices egipcias que todavía quedan en los apellidos de los descendientes de aquellos primitivos levitas. Esta tribu operaba como el cuerpo de seguridad personal de Moisés y como casta sacerdotal ostentaba el monopolio del ejercicio de los ritos y la custodia del Tabernáculo (el templo móvil de los judíos durante su éxodo por el desierto) y el Arca de la Alianza.

Además de iniciar personal y oralmente a los sacerdotes del Tabérnaculo -setenta- Moisés transmite la Ley por escrito y se guarda en el Arca de la Alianza, otra influencia clara de los cultos iniciáticos egipcios, donde se guardaban los libros sagrados también en un arca.

Moisés joven en la corte faraónica

En el relato bíblico se exponen las continúas rebeliones que los Hijos de Israel mantienen frente a Yahvéh y a Moisés. El mismo Dios se muestra más intolerante y soberbio que Moisés, cuando intenta en varias ocasiones exterminar a todo el pueblo en masa y los consejos de Moisés le detienen. pudiera haber ocurrido que en una de estas sublevaciones Moisés fuera asesinado por el propio pueblo elegido para transmitirle su iniciación; y que dicho pueblo, tras generaciones de evolución, logró redimir su profundo sentimiento de culpa por tal magnicidio al incorporarle como pieza angular de su Tradición Sagrada.

Otto Rank, uno de los padres del psicoanálisis escribió una obra titulada El mito del nacimiento del héroe, donde descubre cómo todos los pueblos de la Antigüedad revistieron sus orígenes con las míticas vidas de sus héroes. Y en muchas de ellas se dan asombrosas circunstancias comunes: "El héroe es hijo de ilustrísimos padres, casi siempre hijo de reyes. El niño recién nacido es condenado, casi siempre por el padre, a ser muerto o abandonado; de ordinario se le abandona a las aguas en una caja. Luego es salvado por animales o pastores... y tras azarosos avatares termina alcanzando grandeza y gloria..."

Otto Rank recoge los nombres de Sargón, Moisés, Ciro, Rómulo, Edipo, Paris, Perseo, Gilgamesh y otros muchos héroes fundadores de pueblos más desconocidos. Pero el personaje antiguo más conocido que ejemplifica esta leyenda-tipo es Sargón, el fundador de Babilonia hacia el 2800 a.C., tal como recogen textos en escritura cuneiforme, en los que explica, entre otras cosas, el abandono en el río por parte de su madre sacerdotisa dentro de una cesta de juncos...

Habría que recordar que Abraham, considerado el padre dinástico del pueblo judío, fue rey de Ur, ciudad-estado de la antigua Caldea, aunque la Biblia nos lo presente como pastor de ovejas que emigró a las tierras de Canaán. Otro patriarca, Isaac, revela en su ascendencia orígenes egipcios. Jacob y José dejan entrever su origen fenicio. Probablemente serían líderes de pueblos distintos, que siglos después que Moisés la leyenda enlazó en una misma cadena genealógica, para dar cierta fuerza a sus ancestros y confianza a sus descendientes.

El sacerdote egipcio Manathón, que compiló los datos más exactos de las dinastías faraónicas, afirma que Moisés era un sacerdote de Osiris. La propia Biblia reconoce que Moisés fue educado en los templos egipcios y que ostentaba un alto cargo político, como inspector del Imperio en las tierras de Gosen, donde se asentaba una parte importante del pueblo judío.

En la crónica de Flavio Josefo se dice que Moisés era un jefe militar egipcio, que había conducido una victoriosa campaña militar en Etiopía, justo en el lugar donde se retira refugiado, se casa con la hija del sumo sacerdote y descubre por primera vez a Yahvéh en una zarza ardiente.

En otro pasaje bíblico (Éxodo, IV) se menciona a Moisés como "torpe de lengua", de tal forma que necesitaba a su hermano Aarón para comunicarse con los judíos. Tal vez esto fuera debido a que Moisés no hablaba hebreo y por tanto necesitaba de la ayuda de algún intérprete, al menos al principio del viaje.

Si Moisés era egipcio, ¿Qué pudo hacerle abandonar su tierra y sus nobles funciones para adentrarse en el desierto con una horda de inmigrantes e incultos judíos?. Conocido es el desprecio histórico que sentían los egipcios por los pueblos extranjeros. Por otro lado, los judíos eran herméticos en sus costumbres y endogámicos en sus relaciones. ¿Cuál fue el motivo que les impulsó a elegir a un egipcio como su jefe, legislador y profeta de una nueva religión?.

Existen numerosas contradicciones históricas en el relato bíblico del Éxodo, probablemente destinadas a dar coherencia forzosa al orígen mítico del pueblo de Israel, como el único de toda la Tierra elegido por Dios para consolidar una Alianza Cósmica.

Significativo es que Herodoto cite a los fenicios y asirios de Palestina (los judíos) como practicantes de la circuncisión, costumbre que confesaban haber heredado de Egipto.

Según Freud, "conceder que la circuncisión era una costumbre egipcia introducida por Moisés, casi equivaldría a aceptar que la religión mosaica también había sido de origen egipcio". Esta posibilidad es también contemplada por historiadores como Melle Sellin. Para argumentar esta hipótesis nos remontaremos a la gloriosa XVIII Dinastía, cuando Egipto se transformó en potencia mundial.

Hacia el 1375 a.C. sube al trono el joven faraón que pasaría a la Historia con el nombre de Akenatón. Durante los diecisiete años que duró su reinado impuso a todo el imperio una nueva religión monoteista de adoración al Dios Supremo -Atón- cuyo símbolo visible era el disco solar, como fuente de radiación de la energía y de la luz. Encontramos versos áureos de Akenatón a su Dios Universal que nos recuerdan a los salmos de los profetas judíos y, más tarde, al Corán de Mahoma. Y dice el Faraón: "¡Oh Tú, Dios Único! ¡No hay otro Dios sino Tú!" Y es curiosa esta línea genealógica que geográfica y religiosamente entronca tres grandes culturas en el tiempo: El Atón de Akenatón, el Yahvéh de Moisés y el Allah de Mahoma. Las similitudes de esta sucesión religiosa semítica son fascinantes y demasiado extenso sería desarrollarlas aquí.

¿No pudo ser que Moisés fuera un sacerdote de la Escuela de On, templo dedicado a Atón, y coetáneo seguidor del faraón iluminado?.

Las fechas coinciden. Podría ser que Moisés, viendo destrozado el culto al Dios Único a la muerte de Akenatón y siendo gobernador militar de la provincia limítrofe de Gosen, decidiera llevar a cabo el experimento social más arriesgado de la Historia: crear "casi de la nada" un pueblo, una religión y una nación.

Para el autor angloegipcio Ahmed Osman, célebre por haber identificado al abuelo de Akenatón, Yuya, con la figura del José del Génesis, atacó en 1990 con otra nueva hipótesis. Osman consiguió extender lazos bastante verosímiles para argumentar que Moisés y Akenatón habrían sido la misma persona.

Akenatón
Akenatón, faraón de la XVIII Dinastía que instauró el culto al Dios Único Atón.

Las Tablas de la Ley estaban escritas con signos jeroglíficos, probablemente egipcios, pero ¿decían lo mismo que nos cuenta la Biblia?

Elohim, Adonai... El Dios Único ancestral de los judíos antes de la revelación de Yahvéh ante Moisés.

En el Pentateuco se mencionan a los nombres de Yahvéh, Elohim y Adonai para referirse a Dios. Según Gressmann: "Los nombres distintos son el índice evidente de dioses primitivamente distintos. Pudiera ser que en un principio, todos aquellos nombres fueran índices del choque de fuerzas entre las primitivas tribus hebreas, y que al final prevaleciera la más poderosa y cruel de ellas. Moisés se acoplaría a esta tradición semántica de su pueblo elegido y utilizaría sagazmente sus costumbres religiosas ancestrales para conducirles por donde sólo él sabía".

Históricamente, Yahvéh era un dios primitivo, volcánico, cruel, patriarcal, celoso y vengativo, adorado por las tribus medianitas de Qadesh, un oasis situado al sur de Palestina, entre la península del Sinaí y Arabia, a quien las enseñanzas egipcias de Moisés y después los profetas intentarían dulcificar y darle un sentido universal. Y para ello Moisés no dudó en emplear una alta magia que es signo inequívoco de que había bebido en los Misterios Egipcios, por lo que sabía preservar los secretos, como el referido al hecho ya citado de guardar los libros sagrados en un arca (como Moisés hizo con las Tablas depositadas en el Arca de la Alianza) llevado a cabo por los cultos iniciáticos egipcios, Tradición ésta que no salió nunca del Templo.

Son diversas, además, las coincidencias entre Atón y el Dios de los judíos, un "pueblo elegido" que terminó asesinando a su libertador Moisés... Y fue gracias a su inmolación, al igual que después ocurriría con Jesús, que su religión se implantó en el inconsciente del pueblo judío, terminando por transformarse con el tiempo. Por eso tiene sentido como expiación del tremendo pecado cometido, el epitafio final de la obra de Moisés a modo de terrible maldición sobre su propio pueblo, que en castigo a su rebeldía lo condena a dispersarse por el mundo y a sufrir sin consuelo los males más terribles. Y todo esto ocurre antes de la conquista de Canaán.

Pero debemos tener en cuenta, antes de crearnos una imagen ya demasiado definida sobre lo que representa Yahvéh en el Antiguo Testamento, las palabras de Félix Gracia en su artículo Yahvéh, el Señor de las fromas. "Algunos comentaristas bíblicos y escritores -dice Gracia- han contribuido con sus opiniones a difundir una imagen de Yahvéh como Dios severo, sanguinario y cruel"; Y se pregunta: "¿es ésta, en realidad, su esencia profunda?". A este respecto, el escritor español añade: "el hombre no puede juzgar la acción divina como algo que está fuera de él mismo, ya que Hombre y Dios pertenecen a una unidad irrompible. Cuando esta unidad se quiebra, el mundo cae, y toda la Craeción lo refleja". Y continúa: "el estado normal de las cosas contempla al binomio Dios-Hombre como una realidad inseparable, no disociada. El problema del mundo nace cuando esa entidad se rompe". "La Creación es un proceso en marcha, donde el Hombre, fiel a su dignidad de origen divino, llega a ser el instrumento de la potencialidad creadora".

Luis A. Lázaro finaliza su disertación sobre Moisés con estas palabras: "No queremos complicar más las cosas, añadiendo nuevas piezas y especulaciones a este trabajo. Muchas cosas más podrían ser dichas, pero... Lo cierto es que Moisés fue sin duda el fundador del monoteísmo, de la idea de un Dios Único y de una religión universal, que a través de la maldición del pueblo judío, dispersado entre las naciones por siglos, se ha mantenido y ampliando, alcanzando todos los rincones de la Tierra.

Una de las cosas que cabría añadirse, y que tal vez Lázaro no haga por pudor o por mera cuestión de espacio editorial, si la detalla sin el menor escrúpulo, y hasta con desenfado e ironía (irreverencia seguro que para algunos), Joaquín Grau, creador de la técnica regresiva Anatheóresis, en su artículo Moisés, ¿realidad o mito?, redactado para un monográfico sobre los Grandes enigmas del Antiguo Testamento publicado por la revista Más Allá de la Ciencia.

En él, tras una jocosa exposición de los pormenores del éxodo, así como de las figuras y hechos de Moisés y Yahvéh, pone el dedo en la llaga al referirse al pasaje del Mar Rojo, en que va conduciendo a los judíos una nube desde la que Yahvéh habla a unos cuantos elegidos. Y, al parecer, lo hace a través del Arca de la Alianza. De esta forma la narración bíblica encaja perfectamente en la versión ufológica del éxodo, en la que Yahvéh no sería otra cosa que una especie de comandante de una "escuadrilla de OVNIs".

También a los defensores de un Arca de la Alianza, cuya naturaleza es la de un artilugio tecnológico radiotransmisor para comunicarse con "Dios", se les abren nuevas perspectivas para razonar sus posturas.

Dice Grau: "A estas alturas nadie puede creer ya que Dios sea algo tan patológicamente humano como Yahvéh. Por el contrario, si podemos entender que unos simples extraterrestres con alta tecnología puedan encerrarse en un gas-nube, comunicarse a través del Arca, facilitar el paso por el Mar Rojo u originar las terribles plagas que asolaron Egipto... Y también está la existencia de otro artilugio que acompañó y alimentó a los judíos durante los cuarenta años que duró su éxodo (¿por qué tantos?); nos estamos refiriendo a la "máquina del Maná" de la que hablan diversas tradiciones cabalísticas y zoháricas, y que según esas mismas tradiciones custodiaron y se hicieron cargo de su mantenimiento los sacerdotes de Leví. Pero esa es ya otra historia...

Si las teorías de los ingenieros Sassoon y Dale se corroboran mediante el descubrimiento arqueológico del "Anciano de los Días", también conocido como "máquina del Maná", se confirmaría que un "Dios" tecnológico proveyó al "pueblo elegido" de herramientas de diseño.

Y otro tanto de lo mismo sucedería si se encontrase el Arca de la Alianza, o si los que dicen guardarla decidiesen mostrarla al mundo.

El talismán egipcio de sir John Soane

yurei 18/09/2007 @ 15:23

Los museos son depósitos de tiempo encapsulado. En ellos se congelan momentos de la Historia para que hipotéticos ciudadanos del futuro saboreen instantes pretéritos. ¿Fue eso lo que diseñó John Soane en el Londres de Jorge IV? ¿O quiso levantar un templo, intacto desde el siglo XIX?

Marzo de 1825. Durante tres noches consecutivas, el número 13 de Lincoln's Inn Fields, en el corazón de Londres, celebra una extraña fiesta. El anfitrión no es otro que sir John Soane, el arquitecto que levantó el Banco de Inglaterra y diseñador de los grandes proyectos del Imperio Británico. Media ciudad rumorea que ha pedido a sus huéspedes que crucen con cuidado la cancela de su nueva casa y se dejen llevar por la luz del más de un centenar de portavelas, candelabros y lamparillas de aceite que ha dispuesto en el suelo.

La sensación es fantasmagórica. La luz produce extrañas sombras en la recargada decoración de la casa. En cada uno de sus rincones asoma un tesoro: un vaso etrusco aquí, una estatua de Isis allá, cuadros con escenas míticas por doquier, bustos de Napoleón, medallas, bajorrelieves... Todo ha sido ubicado con extremo cuidado.Nada es azar.

Soane deja que sus invitados descubran sin ayuda la sorpresa que les ha preparado. Está en la cripta, escaleras abajo. El lugar es un pequeño patio orientado a los cuatro puntos cardinales, en cuyo corazón brilla un objeto extraordinario. Parece un ataúd que irradia luz propia. ¡Y lo es! Se trata de un cofre de más de 3.000 años de antigüedad, tallado en un fino alabastro, en cuyo interior los sirvientes del arquitecto han dispuesto unas lámparas.

El efecto es sobrecogedor. Sobre el alabastro han sido añadidas figuritas fundidas en sulfato de cobre que, al recibir la luz desde atrás, proyectan sus siluetas contra las paredes vecinas.Parece cosa de magia. Y Soane, satisfecho, sonríe. Esa noche está dispuesto a demostrar a todo Londres que Lincoln's Inn Fields es, en efecto, la casa de un mago.

Una vieja caja egipcia. Tan maravilloso sarcófago todavía sigue allí. En la cripta de Soane. En el mismo lugar en el que irradió su luz durante aquellas tres intensas noches. Los mil invitados que entonces se postraron ante él, hoy ya se cuentan por decenas de miles. El número 13 de Lincoln's Inn Fields es, probablemente, uno de los museos más extraños del mundo. Y su misterioso sarcófago, una de las piezas egipcias más valiosas que se conservan en manos privadas. Se trata, nada menos, que del lugar del último reposo del faraón Seti I, padre del célebre Ramsés II, y uno de los gobernantes más importantes que jamás tuvo el país del Nilo.

Siempre que visito Londres, busco unas horas para volver a admirarlo.Y siempre termino formulándome las mismas preguntas: ¿por qué los conservadores del Museo Británico se negaron a pagar las 2.000 libras esterlinas que les pidió su descubridor? Ese cajón de alabastro de tres metros de largo por uno de ancho valía mucho, muchísimo más. ¿Por qué lo rechazaron?

Aquella maravilla fue descubierta en octubre de 1817 por el aventurero e ingeniero italiano Giovanni Battista Belzoni. La tumba que lo albergaba, una enorme galería subterránea en el corazón del Valle de los Reyes tebano, había sido saqueada en la Antigüedad y dentro no quedaba ni rastro de la momia del faraón.

Sin embargo, para fortuna de Belzoni, su contenedor para el más allá seguía intacto. El italiano, pues, jamás supo de quién era aquella tumba suntuosa. En 1817 aún no se habían descifrado los jeroglíficos, y al dueño de aquella morada de eternidad lo llamaron Psamis primero, y Ousirei más tarde.

Hoy, casi 200 años después de aquellos hechos, todavía son muchos los historiadores que no se explican por qué sir John Soane quiso hacerse a toda costa con aquella pieza, y adornar con ella el rincón más lúgubre de su mansión. Tal vez si se hubieran tomado la molestia de indagar en su vida, habrían visto que su empeño no era, en el fondo, tan raro.

Un templo para las musas. Soane, en la tradición que aún preservan algunos arquitectos modernos, estaba fascinado con el ocultismo.En él buscó razones simbólicas para dotar de sentido a sus edificios, y vencer -en palabras suyas- «la moderna falta de intensidad espiritual». Y así, guiado por su compulsivo interés por coleccionar piezas de la Antigüedad, creó un museo a imagen de los célebres gabinetes de curiosidades o wunderkabinetts propios de los siglos XV y XVI. Inmuebles llenos de rarezas que buscaban la admiración de lo extraño, lo maravilloso, y la invitación a meditar sobre ello. Para él un museo era, literalmente, un «templo para las musas», un lugar de recogimiento e inspiración. Y necesitaba una pieza maestra que santificara el lugar.

De algún modo, Soane había ordenado el resto de su colección buscando impactar al visitante. Y consciente del valor de su orden, cuatro años antes de morir, en 1833, consiguió que un acta del Parlamento garantizase que su casa y su colección se conservarían lo más intactas posibles en el futuro. Eso incluía al féretro de alabastro.

Fue en una de mis últimas visitas a su casa-museo cuando descubrí algo inquietante. Una carta enviada por su amigo James Christie el 21 de marzo de 1825, dándole las gracias por la misteriosa fiesta del sarcófago me dio la clave para entender su empecinamiento por hacerse con él.

«Su exhibición», escribió al calor del impacto visual de la tumba iluminada, «fue de particular interés para mí ya que podría coincidir muy de cerca con mis especulaciones sobre el uso de luces en Eleusis».

Christie, naturalmente, se refería a los llamados Misterios de Eleusis, una milenaria tradición iniciática nacida en Grecia y vinculada al mito de muerte y resurrección de Perséfone. Según ese mito, Plutón, Señor de los Muertos, secuestró a la bella Perséfone y se la llevó a su oscuro reino. Pero fue la incansable búsqueda de su madre, Démeter, la que obligó a Plutón a devolver su presa al mundo de los mortales. El mito, repetido una y mil veces bajo infinitas variantes -Cibeles y Atis, Astarté y Adonis, Isis y Osiris-, inspiró todas las grandes ceremonias de iniciación del mundo antiguo... y moderno. Como la masonería.

Y fue masón. Lo demuestran tanto su dedicación al New Masonic Hall, el edificio que levantó entre 1828 y 1830 a escasos cientos de metros de Lincoln's Inn Fields, como un retrato al óleo que cuelga en su museo. El cuadro, pintado tres años después de su fiesta, lo exhibe vestido con atributos propios de esa sociedad iniciática.

Curiosamente, la ceremonia masónica en la que un adepto se convierte en maestro escenifica el tránsito de la vida a la muerte y de regreso a la vida. En ella, el cuerpo simbólico de Hiram Abiff -el arquitecto de Tiro que levantó el Templo de Salomón- es sacado de su féretro. ¿Y qué mejor féretro para un rito así que uno que llevara incluidas las instrucciones para navegar en el más allá?

Me explico: cuando los jeroglíficos del sarcófago de Seti se tradujeron, se descubrió que formaban parte del Libro de las Puertas, un texto mágico con el que el faraón podía vencer cualquier prueba que se encontrara en el país de los muertos.

Los masones ya lo intuían desde hacía tiempo. No en vano, en esa misma ceremonia de acceso al grado de Maestro pronunciaban una letanía que no sabían lo que quería decir. Una frase repetida desde hacía siglos y que rezaba: Ma'at neb-men-aa, Ma'at at-ba-aa.

Cuando en 1822 Champollion empezó a leer las letras egipcias, no tardó en descubrirse que esa misteriosa letanía era una antigua frase egipcia. Un himno a la diosa Maat y a un maestro que la servía. ¿Hiram?

¿Se sintió John Soane heredero de ese mítico arquitecto? ¿Y por qué no?

Javier Sierra. El Pais.

La Esfinge

yurei 04/03/2007 @ 18:18

esfinge.jpg
La Esfinge situada en la meseta de Guiza, tiene alrededor de 70 metros de longuitud y 20 de altura. Esta escultura se le atribuye al faraón Kefren, aunque hay pocas pruebas históricas y arqueológicas, la relación que se le atribuye siempre ha sido através de la estela del sueño que está entre las patas de la esfinge, ya que aparentemente aparece el nombre de kefren y supuestamente porque ya en la línea 13 donde se decia que aparecia el nombre, actualmente no se conserba bien. Realmente, en cuando la estela del sueño se descubrió se puede decir que aparecia el nombre de Kefren pero no estaba rodeado de ese cartucho por el cual todos los nombres de los faraones de Egipto se les rodeaba para distinguirlos, lo que nos da a pensar que realmente no se referian al faraón Kefren.
La esfinge está datada redondeando hacia el 2500 a.c.
Robert Schoch geólogo americano fué a la meseta de Guiza, comprobó que la erosión que ofrecia no solo el cuerpo de la esfingue, sino que también la cubeta de la Esfinge, que la erosión que cabria esperarse pudo haber tenido desde cuarta dinastia bajo el reinado de kefren hasta la actualidad. Se habia pensado que las acanaladuras de la Esfinge eran debidas a la erosión del viento, pero, podemos combrobar que las acanaladuras del cuerpo del león no eran para nada devidas a la erosión del viento, sino del agua, y el único momento en la historia de Egipto en la que este león hubiera recibido precipitaciones que hubiesen dejado de forma clara, esas acanaladuras no es en el 2500 a.c. sino 5000 años antes. Una época que se hunde ya totalmente en lo que es la prehistoria faraónica alrededor del 7000 a.c.
Lo que nos da a pensar; ¿quién construyó la Esfingue? ya que el pueblo egipcio se unificó más o menos cerca del 3000 a.c.- 3100 a.c.
Por lo que la esfinge es un monumento prefaraónico, pero egipcio, por lo que habra que pensar si esas culturas prefaraónicas no eran tan atrasadas como nos querian hacer pensar, y que muy posiblemente otros monumetos que datamos de la edad faraónica no fuesen tal y solo fuesen reutilizados.

La Gran Pirámide

yurei 04/03/2007 @ 18:13

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Grandiosa, abrumadura ... la sintesis de la grandeza y también del misterio.
Según la historia fué construida por el faraón Keops en solo 20 años, 7.300 días para colocar casi 3 millones de bloques de piedra de varias toneladas de peso cada uno, debió tratarse de super hombres porque tuvieron que ajustar con precisión milimétrica un bloque cada 3 minutos ininterrumpidamente sin descanso durante 20 años seguidos. Con una eficacia inimaginable extrajeron la piedra de canteras situadas a varios kilometros de distancia, transportaron los bloques con la misma exactitud que si fueran prismas opticos, los transportaron sin ruedas y sin carreteras, cruzando el Nilo siendo o no época de crecida, las subieron a lo largo de un kilómetro por la meseta de Guiza, y las elevaron nivel a nivel hasta casi alcanzar una altura de casi 250 metros, y todo ello al ritmo de un bloque cada 3 minutos.
Su base ocupa una superficie de 53.000 metros cuadrados en los que entran 8 campos de futbol, para rodearla hace falta caminar casi un kilómetro. Con sus 6 millones de metros cubicos de piedra podrian construirse todas las hermitas, iglesias y catedrales de Europa, para transportar sus casi 3 millones de bloques harian falta tantos camiones que colocados en fila desde cadiz, llegarian hasta los confines de siberia.
Tan colosales medidas, tan gigantesco volumen no inquieta para nada a los historiadores que lo solucionan a base de cientos de miles de obreros y descomunales rampas, diciendo lo que saben pero sin saber lo que dicen porque es sencillamete imposible.
Los arquitectos que son los que saben de edificios no pueden explicar que tecnicas utilizaron para construir la piramide, los astrinomos son incapaces de imaginar como fueron papaces de orientarla con tanta exactitud los topografos no entendieron como consiguieron allanar esa parte de la meseta de forma que entre sus esquinas opuestas que distan mas de 325 metros entre si halla un error de nivelación de solo 1 cm, los ingenieros no entienden que tipo de grúas utilizaron para colocar los bloques de hasta 60 toneladas elevandolas a decenas de metros. Dicho de otra forma, dado lo que sabemos de la historia antigua aunque esté hay la gran piramide no existe.

Es sabido que los egipcios utitizaban serruchos para cortar la piedra y no solo la caliza relativamente blanda si no también otras de mucha mayor dureza como el granito. Se conocen ejemplares de serruchos egipcios de bronce con dientes de esmeril y en los hipojeos de Tebas se han encontrado bloques de granito serrados pero estudiando las huellas dejadas en cada paso de sierra se descubre que aztuaban con una enorme presión y que obiamente no pudieron ser de bronce y esmeril, utilizaron sierras de puntas enormemente duras y lo hicieron a mano y también con guia mecánica.
El sarcófago del rey que se encuentra en la cámara de la gran pirámide es una obra maestra de serruchado, puesto que aunque no a recibido el pulido, puede considerarse una pieza terminada por la regularidad de los cortes, ya que los desniveles de la superficie serradas son del orden de un milímetro.
La tecnologia mas moderna para el corte de piedras consta de una hoja circular de 2 metros de diámetro con numerosos dientes de vídea (carburo de trustenio). En cada vuelta, la hoja, desciende 4 centésimas de milímetro, pero no se puede ejercer más presión, porque las puntas de la sierra se abrasarian. Cuantro centésimas de milímetro en cada paso de sierra y eso gracias a sus puntas de videa que tiene una dureza 11. Pues bién, ¿puede alguien explicar que tipo de sierra y que clase de material usaban en el antiguo egipto? Porque en cada paso de sierra avanzaban casi dos milímetros y medio, sesenta veces más que nuestras modernas sierras, no tenemos ningún tipo de material natural o artificial que soporte ese tipo de presión y no es algo excepcional en aquella cultura, lo hacian también con taladros cilíndricos. Taladros que dejaban un tarugo central de hasta 15 cm de diámetro. En los taladros modernos, el cilindro es de acero con puntas de videa, la presión a la que trabajan debe regularse cuidadosamente mediante control manométrico los taladros, con punta de diamante trabajan con una presión de 50 kg y a poca velocidad para no quemarse, los de punta de videa solo soportan una presión de 30 kg pero a más velocidad. En uno u otro caso los taladros modernos avanzan 4 centésimas de mm en cada giro,los trepanos egipcios avanzaban 50 veces más 2 mm en cada giro.

Todos estos datos quedan empequeñecidos cuando abordamos el tema de las losas de recubrimiento de la Gran Pirámide.
Fueron 27000 los que cubrieron las 4 caras de la pirámide, ese recubrimiento constitulle la mayor proeza que haya alcanzado el hombre desd un punto de vista técnico.
Poosen superficies planas de más de 3m cuadrados, sus aristas de casi 2 m muestran un paralelismo entre sí con un error de 5 centésimas de mm. No hay en las losas ninguna marca de arrastre ni puntos para enganchar gruas (ya que no conocian la polea; ni la rueda) o cuerdas, además colocaron las juntas de yeso de fraguado rapido lo que te obliga a colocar el bloque al primer intento sin posibilidad de moverlo despues.
Los 90º exactos que forman los ángulos diédricos de esos bloques devieron recibir su ultimo acabado en el taller dond se labraron para que ajusten a lo largo de los 230 m de la primera ilera de bloques, el control de la angularidad en cada uno de ellos fue del segundo de error. Es decir, cada uno de estos bloques está realizada con mayor precisión que una escuadra normalizada de las que se utilizan en la industria moderna. Los bloques plantean una cuestion ; que es que los constructores de la piramide poseian istrumentos opticos ya que un instrumento no-optico de medida da errores de hasta 300 segundos, un anteojo corriente de autocolimación da errores de hasta 5 segudos, y los bloques la angularidad está corregida con errores de 1 segundo, es decir, no solo poseyeron instrumentos ópticos sino que además fueron de lata precisión. Para hacerse una idea el tallado y pulimentado es una tarea comparable a la de pulido de la lente mayor del telescopio de Monte Palomar, y eso, lo hicieron 27000 veces.

Si observamos los conocimientos matematicos que poseian los egipcios através de los escritos que nos dejaron el resultado es patético ya que no hubiesen pasado de 1º de la E.S.O. ; pero si observamos por ejemplo la camara del rey, una cámara rectangular la pared norte mide 10 metros y 4797 diezmilésimas de metro la opuesta la pared sur mide 10 metros y 4782 diezmilésimas de metro, es decir , el error de medida es del orden de una decima de milímetro (0,0015) por metro, el mismo error que hoy se acepta para los prismas ópticos y esa misma precisión se mantiene en superficies mucho mayores por ejemplo en la base de la Gran Pirámide:
Coordenadas de la base y longitudes:
N= 230,253
S= 230,454
E= 230,391
O= 230,357
Casi 1 km de perimetro lo que da una superficie de 93067 metros cuadrados para la base, paroximandamente la de 8 campos de futbol, recordemos ahora que según las evidencias históricas no utilizaron hasta la dinastia 18 la mira de observación.
Los errores de los instrumentos de medida modernos como el astrolavio dan errores entro los 30 y los 20 minutos, pues bien, en un cuadrado de más de 53.000 metros cuadrados de superficie el angulo NO mide 89´59´58 , es decir, por dos segundos no es un angulo recto perfecto

El último enigma de la Gran Pirámide saltó en 1993 cuando un pequeño robot diseñado para explorar un angosto pasadizo de 20 x 20 cms. que atraviesa todo el monumento desde la llamada "cámara de la reina", descubrió algo sorprendente. Una puerta con sendos pomos de cobre derretidos por el tiempo parecía impedir el paso a una cámara secreta. De confirmarse las sospechas, y dado que 60 metros de galería minúscula separan esa cámara de la "de la reina", esa habitación sería el único recinto intacto que podría existir en la pirámide. Qué contiene, para qué se diseñó y cuándo se abrirá esa portezuela es algo que decidirán un día de estos las autoridades egipcias. Ojalá sea pronto.

La Gran Piramide está hecha con más precisión que nuestros actuales relojes de pulsera con la diferencia que no pesa 100 gramos sino 7 millones de toneladas